2121. La lección de ética

2 septiembre 2020Relatos

2121. La lección de ética
─¿Utopía?─

“Sólo quienes sean capaces de encarnar la utopía serán aptos para el combate decisivo, el de recuperar cuanto de humanidad hayamos perdido.”

Ernesto Sabato, en Antes del fin

“Yo creo que todavía no es demasiado tarde para construir una utopía que nos permita compartir la tierra.”

Gabriel García Márquez, en La mala hora

Hace ahora 101 años, ocurrió un acontecimiento crucial que provocó el giro paulatino para llegar hasta nuestra organización de hoy.

El ser humano ha vivido sucesos que con dolor y muerte ocasionaron impactos importantes en la evolución social. En el siglo XX, sucesos clave fueron transformando a la población con ideologías que primaban el desarrollo de políticas solidarias hacia gobiernos más protectores. El final de aquel siglo vino cargado por un aluvión de anhelo y esperanza desde la caída del muro de Berlín en noviembre de 1989 y el fin de la guerra fría. Ahí reside un punto de partida que sembró bases firmes para llegar hasta la forma actual de relacionarnos.

Con la crisis económica mundial de 2008, el miedo a la escasez fue inducido a través de simular la falta de sustento básico desde las clases sociales que lo habían conseguido de forma abundante. Así se reprodujo la pobreza y la sensación de carencia.

Llegó la pandemia a fines de 2019, que provocó una conmoción mundial promovida por un grupo de poder. Tardaron más de veinte años en salir a luz circunstancias dolorosas que se ocultaron en el momento. Durante la pandemia, los gobiernos lanzaron mensajes e iniciaron acciones tendentes a confundir por incapacidad o manipulación. Desde que se desmontaron, los gobernantes dejaron paso a nuevas generaciones que quisieron liderar la vuelta a los orígenes de los derechos naturales del ser humano. Surgieron nuevas teorías filantrópicas. Se apeló a las utopías y se recuperó la creencia en la espiritualidad, como alternativa al individualismo, a la competición, al belicismo y a la agresión al planeta. Se instauraron nuevas formas de generar energía, sencillas y saludables, nuevos tratamientos de las enfermedades, la comprensión de la naturaleza del cuerpo humano consiguiendo una alimentación sostenible y solidaria, se descubrieron las potencialidades físicas y mentales de las personas…

Pero ¿por qué no se pudo llegar antes a este entendimiento?

La esencia del ser humano mostraba una demanda natural de unión y solidaridad. Existían teorías que presentaban sociedades utópicas. Sin embargo, la propiedad de los recursos para la supervivencia física provocaba la imposibilidad de aplicarlas y los poderosos llevaban al mundo al estado más animal del ser humano: agredir o protegerse anulando al otro.

La conciencia evolucionó hacia dos conceptos que pueden entenderse como uno solo: la compasión y la unidad. La compasión, entendida como acompañamiento del otro en las dificultades de su crecimiento, lleva directa e ineludiblemente a la unidad, por lo cual no es necesario ejercer represión ni gobierno ultrajante para dirigir la comunidad en esa meta común: el bienestar basado en la fraternidad. Hoy podemos aplicar aquellas prácticas filantrópicas de la solidaridad en la igualdad porque nadie necesita del otro para su sustento material, sino que en su búsqueda encuentra la compañía para hacer feliz su vida.

Es el amor en sí.