¿Por qué escribo?

Tantos escritores, supongo que todos, han contestado a esta pregunta… Quizá por ello la respuesta se convierte en trivial o redundante, ya no deja posos para una intención original o novedosa. Creo que con cada obra terminada, he intentado responderme. “ Vivir otras vidas”, “hacer valer mi interior”, “mientras escribes, la muerte no existe”, “escribo porque tengo miedo”… son frases de autores que contestan en ese momento, ese momento, con una vibración concreta que suele cambiar su frecuencia hasta mil veces en la vida, quizá más.

No escribo por una intención razonada. El acto de escribir es en mí compulsivo. Puedo razonarlo después, pero cada vez que lo hago la respuesta es diferente, por lo tanto, o no sirve, o sirven también todas las demás, también las contradictorias, y haría una lista interminable. Mi interpretación: esa intención no surge de la mente. La mente es capciosa, engañadora sutilmente porque responde al ego, y no es la mejor carta de presentación para quien escribe. Naturalmente, el ego va a embaucar y motivar todas sus razones para que parezcan otras.

Escribir me nace en el corazón. Sé que los racionalistas científicos terrenales están sonriendo mientras leen esta frase. Suerte que este texto no es interactivo , nos evitamos así un diálogo largo y enriquecedor, pero poco eficaz. El corazón no piensa, siente, y se rige por recursos intuitivos que después se estructuran mentalmente para que por la mente lleguen a los lectores (podríamos debatir sobre el método de la poesía), que lo entenderán por donde más abierta tengan la vía, ojalá que por el mismo camino que quien escribe ha transitado, pues de esa manera la placidez se convierte en larga y duradera.

– José Antonio Prades –

Biografía

Nací en marzo, todavía en invierno, aunque a tiro cercano de la primavera, el día 9, en el primer año de la década revolucionaria, 1961. Mi padre, Gregorio, trabajaba en una carnicería, y mi madre, Josefina, era modista retirada del oficio por su matrimonio, ambos huérfanos de padre casi a la misma edad, en la adolescencia, época en la que comenzaron su relación como novios. Soy el hijo mayor de tres hermanos.

Ejerzo como español, aragonés, zaragozano y ‘montemolinero’ (enseguida entenderás por qué este término), de los que vinimos al mundo en un macrohospital que se llama Miguel Servet en honor al famoso aragonés librepensador. Casualmente, mis padres vivían en la calle Miguel Servet –número 97– en esos momentos, aunque en la otra punta de la ciudad, en el barrio de Montemolín, en un bajo con un gran corral en la trasera y el local de la carnicería en la delantera. Luego, transitamos por esa misma calle en dos locales diferentes y tres pisos más. Qué cantidad de mudanzas… y las que siguieron años después en mi vida.

El barrio de Montemolín se convirtió en ese idílico escenario que adorna las infancias de los niños sensibles a su crecimiento… Se transmutó en el Macondo privado que arropó a mis fantasmas y fantasías, las cuales se animaron a regir mis vuelos durante todos los instantes venideros. Mi tía Pili comenzó a nutrirme de historias fabulosas y mi yaya Edmunda me llevaba con ella a su trabajo, en el cine–teatro Argensola, donde viví la vida de muchos héroes en blanco y negro. Como en la primera sesión, de 5 a 7, no abrían el anfiteatro, mi amigo Paco, el acomodador, me subía para allá y así tenía todos los palcos para mí, gran lujo.

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Mi primera experiencia laboral fue ayudar a mi padre en el reparto de encargos de su carnicería. Tendría unos nueve o diez años, y allí que iba con mi bicicleta Orbea por las casas de las señoras clientes (‘clientas’) para ganarme unas propinillas, muchas veces con mi amigo Julián, que también repartía frutas y verduras de la tienda de su tía.

En un verano, ya en 1977, repartí repuestos de automóvil por talleres, preparados en la tienda de mi tío Enrique. Fue una gozada conducir una Mobylette por Zaragoza Urbana.

Y antes de estar de alta por primera vez en la Seguridad Social, me dediqué, mientras cumplía el Servicio Militar, a vender ‘a puerta fría’ Enciclopedias Salvat. ¡Uf!

El día de mi veintiún cumpleaños, ingresé en Eléctricas Reunidas de Zaragoza, por medio de un examen multitudinario, modo concurso-oposición, de administrativo. Y tras casi siete años como analista de facturación, pasé a tareas de contabilidad y administración general durante cuatro más. Fue un comienzo profesional muy interesante, en el que aprendí a encontrar mi mejor aportación. Ejercí como Secretario General del Comité de Empresa durante cuatro años (1986-1990)

En 1993, en septiembre, salté el Atlántico por primera vez, para llegar hasta Buenos Aires, a Edenor, en tareas más afines a mi titulación, como responsable de funciones de personal y capacitación, además de liderar un proyecto de eficiencia organizativa. ¡Qué gran experiencia para entender a otras gentes y abrir la mentalidad!

Al regresar a España, a Madrid, a Endesa Corporación, desempeñé desde 1999 funciones de formación, selección y desarrollo de personas hasta 2008, donde adquirí mi motivación para trabajar en el crecimiento personal y profesional de quienes deseaban dar lo mejor de sí, sobre todo, con jóvenes de alto potencial.

En ese año, mes de julio, me incorporé al puesto que hoy ocupo en gestión ambiental. Y está siendo enriquecedor sentir que mi labor ayuda a cuidar la Tierra, el mar, el aire, con la satisfacción de ver resultados cada día.

Otras actividades paralelas de ámbito profesional o de gestión que he realizado son:

• Profesor – Consultor en el Máster de Dirección de Recursos Humanos de IEBS (2010-2017) para cumplir mi vocación pedagógica.

• Vicepresidente de la Asociación del Deporte Solidario (2008-2011), cubriendo mis expectativas de ayudas a los más desfavorecidos.

• Presidente del Consejo Rector del Colegio Juan de Lanuza (2011-2014), colaborando en la innovación de la gestión y de la enseñanza global en todo el ciclo reglado.

• Presidente de la Asociación Larrínaga del Barrio de Montemolín.

• Cursé maternales en las Hermanitas de Santa Ana, en su colegio de la calle Numancia de Zaragoza.

• Comencé después en La Salle Montemolín de la calle Miguel Servet, 36, en Párvulos, y seguí hasta cumplir la EGB, estrenando en sexto el nuevo colegio de la calle José Galiay.

• En la Salle Gran Vía cursé BUP y COU, mientras en la Academia Franco me preparaba estudios administrativos de banca.

• Empecé Ciencias Empresariales, y luego Derecho, con pocas ganas de terminarlos, y como era de esperar los abandoné tras el primer curso de ambas carreras. Finalmente, encontré mi motivación y mi vocación profesional, cursando y terminando Graduado Social en la Universidad de Zaragoza, allá por 1991.

• En 1996, cursé mi primer Máster, en Dirección y Gestión de Recursos Humanos. En 2002, finalicé el MBA (Dirección de Empresas). Y en 2009, el Máster de Gestión Integrada (Calidad, Prevención y Medio Ambiente)

• Otros cursos relevantes han sido los de Consultoría Organizacional y Gestión de Personas, en varias especialidades.

• También he sido alumno de la Escuela de cine Un perro andaluz durante tres ediciones, tanto en su curso práctico como en los de ‘hablando de cine’.

• He obtenido el grado Máster en Terapia Transpersonal.

• 1977 – Premio La Salle de relato
• 2000 – Premio Asociación Española de Dirección de Personas (AEDIPE) de artículos profesionales
• 2007 – Premio La Salle de relato
• 2007 – Finalista Certamen Fundación Cabana de cuento infantil
• 2008 – Finalista I Concurso Internacional de relato corto Ciudad de México
• 2012 – Finalista II Concurso Internacional de cuento breve “Cada loco con su tema”
• 2014 – Finalista y seleccionado para Palabras contadas IV
• 2015 – Finalista y seleccionado para Palabras contadas V
• 2016 – Premio del certamen de narrativa “El Trallo”
• 2018 – Finalista y seleccionado para Palabras contadas VII