José Antonio Prades ha cultivado otros géneros literarios, cuyas obras ha reunido aquí: poemarios, canciones, obras de teatro, reseñas y artículos, que completan su dedicación a la literatura, más allá de la narrativa.

Otros géneros

José Antonio adolescente soñó con ser poeta, porque poesía fue su primera obra con conciencia de creador, aquella que cuenta en su semblanza, sobre las aventuras de El Cid como poema épico en versos alejandrinos y rima en pareado, allá cuando tenía doce años. Y un poquito más tarde, le chistaron las musas del amor para que tradujera en rimas las sensaciones del enamoramiento más puro.

Dos son los estados de ánimo que el autor traduce con intención poética: la desazón, desde muy adentro, a veces contra sí mismo, a veces contra el mundo, aunque siempre con esperanza, quitándose los ropajes del alma con tanto pudor, que parece haberse dejado alguna solapa para seguir ocultándose sus cosas; y el otro es el enamoramiento, benditas mujeres de su vida, ya fueran de cuerpo tangible o de amores imposibles por oníricas o platónicas.

En el colegio de José Antonio, algunos profesores sensibles preparaban representaciones de obras de teatro. Quizá con una poco expresada vena histriónica, le atrajo ese mundo y jugó a ser actor y escritor de obritas de teatro en varias ocasiones. En el mismo acto en el cual le entregaron su primer premio literario, en 1977, interpretó a Tello, el criado de El Caballero de Olmedo, que lo encuentra muerto en la última escena de las representadas. Tanto dramatismo quiso darle a la interpretación, que se agachó ante el cuerpo moribundo del caballero con tal énfasis que el paquete de Marlboro ubicado en el bolsillo de su camisa cayó sobre la cara de don Alonso, el caballero de Olmedo.

Es probable que este hecho cómico le impulsara para continuar, siete años más tarde, su vinculación con el género bufo. Tomó contacto con los espectáculos de variedades a través de varios amigos, y comenzó a escribir sainetes muy “ligeros de cascos”, acordes con lo que el público tardío de la transición demandaba. Va también un monólogo escrito para su prima Piluca, actriz, y una obra inacabada, también en clave de humor, pero con la Muerte de protagonista.

Al autor en ocasiones le llama la atención tanto una obra que decide, inopinadamente, escribir sus impresiones nada más cerrar el libro. No responde a una voluntad ni a un plan, sino a un empuje por dejar huella de aquello que le ha movido emocionalmente, ya sea por el propio contenido de la obra o por lo que le transmite el escribiente.

Es fiel seguidor de sus dos socias, Anabel Consejo y Pilar Aguarón, a quienes ha reseñado varias de sus obras, pero también se movilizó por la primera novela de Carlos Castán, La mala luz, autor de su cabecera en la creación de un estilo que cautiva más con el “cómo lo dice” que con el “qué dice”, y por otro autor de culto, Jesús Gil Vilda.

A través de este enlace es posible acceder a todas las reseñas que ha publicado el autor antes de octubre de 2018.

Aquí van tres de ellas.

No son muy numerosos los artículos que ha escrito José Antonio Prades, aparte de los incluidos en Desarrollo Profesional y Personal. Van aquí tres de ellos en diferentes tonos y por motivos bien distintos.

En Sombras de corrupción y en Algo sobre el aborto, presenta dos aspectos poco tratados de ambos temas. En el primer artículo reflexiona sobre cómo sostener la tentación de ser corrupto, y en el segundo, si debe tratarse la opinión del padre en la legislación sobre el aborto.

Finalmente, La obroliosis surgió entre sus colaboraciones en la revista sindical Al corriente, y se publicó sin firma. Es una interesante socarronería que merece la pena disfrutar.