Sobre Alarma

7 junio 2020... Sobre mis obras

Muchas gracias a todos los participantes en esta aventura, a mis colegas Pilar Aguarón Ezpeleta y Alfonso Pardo, por comandar la arquitectura de barco, a Imperium Ediciones por confiar de inmediato en que llegaríamos a buen puerto, a los autores que han mostrado su creatividad y su solidaridad para llenar los camarotes casi tanto como el de los hermanos Marx, a los divulgadores hacia el mundo (ya está saliendo un libro hacia Toronto) y a los compradores y lectores que cierran ese círculo tan ilusionante de la literatura solidaria.

Ayer fue el día 0, la culminación de una carrera que tenía que ver con lo que se vive ahora en nuestra sociedad, un impacto que resuena en el aire y nos llega a cada cual de diferente manera. A unos le lleva a protegerse, otros a interiorizar; escuchamos, sentimos, interpretamos y vivimos… estos son los procesos, a veces inconscientes, que nos llevan a comportamientos con variedad inusitada. Del miedo a la esperanza, pasando por el dolor, la enfermedad, el odio, la rabia, el cansancio, la entrega, la ternura o el amor, son emociones y sentimientos que veintiséis escritores hemos volcado en ese libro. Ha nacido un libro que no es uno de tantos, es uno con calidad literaria y solidaria.

Precisamente, de esos sentimientos, para escribir mi relato aposté por la esperanza, quizá utopía, que expreso en el subtítulo y las citas que anteceden al textoo. Esa esperanza creyendo en un mundo mejor, apostando por el ser humano, tiene ahí, en ese resultado del proyecto, una de las pruebas irrefutables para seguir ese camino y, en él sí, hacer proselitismo con un único color: el del hermanamiento más allá de tendencias partidistas.

«Sólo quienes sean capaces de encarnar la utopía serán aptos para el combate decisivo, el de recuperar cuanto de humanidad hayamos perdido.»
Ernesto Sabato, en Antes del fin

“Yo creo que todavía no es demasiado tarde para construir una utopía que nos permita compartir la tierra.”
Gabriel García Márquez en La mala hora

La compasión, entendida como acompañamiento del otro en las dificultades de su crecimiento, lleva directa e ineludiblemente a la unidad, por lo cual no es necesario ejercer represión ni gobierno ultrajante para dirigir la comunidad en esa meta común: el bienestar basado en la fraternidad, expresión que hace cien años hubiera sido despreciada, precisamente por utópica… y no faltaría razón, porque el nivel de conciencia humana, como suma de las conciencias de todos los individuos, no era apenas suficiente para iniciar la gran transformación. Hoy, la respetamos, la valoramos y trabajamos sobre ella para su elevación. Hoy podemos aplicar aquellas prácticas filantrópicas de la solidaridad en la igualdad porque nadie necesita del otro para su sustento material, sino que en su búsqueda encuentra la compañía para hacer feliz su vida. Es el amor en sí.

(Párrafo del relato 2121. La lección de ética, en el libro colectivo Alarma)